Juntos ante el flagelo

ABR, 22, 2018 | 00:10 - Por ALFONSO ESPIN MOSQUERA

Por: Alfonso Espín Mosquera

La búsqueda de una nueva estructura socioeconómica, en la que aún estaban miembros de la Iglesia  católica a través de la denominada Teología de la Liberación,  motivó erróneamente una insurgencia armada en Latinoamérica detrás del ideal socialista. A partir de la apertura de la Unión Soviética al mercado mundial capitalista, la época de la llamada perestroika, varios de estos grupos rebeldes perdieron a sus financistas y se convierten en caldo de cultivo para que el narcotráfico lance sus tentáculos y surja  una “narcoguerrilla”, que se ha convertido en un ‘narcoterrorismo’ al que no le interesa el logro de la justicia  social.
 

Más allá del dolor por los secuestrados, por los asesinados, por las familias que quedan en un limbo fatal de desconcierto, hay una sociedad que se va amedrentando, asustando, que termina siendo rehén en su propio hábitat. Pienso en Bogotá de finales de los noventa con una población secuestrada, haciendo comidas campestres en los parques, tratando de disipar en familia, en alguna calle o en pedazo de césped. Fuera de la metrópoli los peligros eran inmensos. 
 

La muerte, los atentados, los secuestros, la extorción y las llamadas  ‘vacunas’ como un hecho ordinario.  El Perú también vivía esta ola de violencia. Sendero Luminoso había sembrado el terror en las carreteras, en el campo. Sin embargo, Ecuador se mantenía como una isla de paz en medio de tanto desastre. No habíamos experimentado esta fatalidad, no nos imaginábamos siquiera cómo se siente este azote en carne propia  hasta ahora que  es una amarga realidad que habrá que combatir  con todos los arrestos.
 

Si bien Colombia se ha despreocupado históricamente de su frontera sur, la permisividad del gobierno correísta permitió que se instalen y desarrollen actividades narcodelincuenciales en nuestro territorio. Hoy más que nunca necesitamos un liderazgo que, francamente, no vamos a tener con personajes vinculados a la desgastada y corrupta revolución ciudadana. Sí, hay gente capaz en Ecuador, libre de los vicios anteriores, que nos motiven a la unidad y tomen medidas más atinadas frente a este flagelo. 

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